Hace un par de años un profesor dijo en clase que pasar tanto tiempo en el metro era lo mejor del mundo, que teníamos mucho tiempo para leer o pensar.
Ultimamente he tenido la suerte de pasar mas de una hora en el, no digo que sea agradable ir oliendo el sobaco de la persona de al lado, pero cuando logro sentarme sola (o con gente limpia) miro por la ventana y sin darme cuenta mi mente ya esta volando.
Hoy me perdí en las profundidades de mi taza de café, encogida por el frío en el asiento, ignorando el dolor de mi rodilla abierta, pensando en Rayuela cuando entró El... de pronto ya no tenia frío y adopte mi postura de "Mujer interesante", lo ignore 2 paradas, finalmente levante la vista y con descaro clave mi mirada en sus ojos, me sonrió... que sonrisa tan perfecta, de esas que te hacen olvidar que tienes una herida en la pierna, una caída interminable en la inmovilidad....
Perdí la cuenta de las estaciones que pasamos, seguimos con nuestro juego de miradas, descubriéndonos poco a poco con cada expresión, hilando nuestras historias....
De pronto las puertas se abrieron de nuevo, giro la cabeza para ver el nombre de la parada, volvió a mirarme, la magia se había roto. Me sonrió una ultima vez y bajo, el metro se puso en marcha y lo perdí de vista, volví a hundirme en mi café y recordé una frase de Cortazar, "Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos."
B.R
historias del "underground"... siempre refrescantes.
ResponderEliminarA.
Me ganaste, te lo presto.
ResponderEliminarC.