sábado, 22 de enero de 2011

On the road again.

Escribimos desde Vietnam el Barón Rojo y yo. La vista del Himalaya es imponente frente a nosotros. Nos recuerda la Insoportable Levedad del Ser, y la bella Praga que visitamos en la mañana, y en la que asistimos al baile típico de Leckerbissen. Comimos en el barrio de Shibuya unos deliciosos ras malai.
Mañana esperamos poder pasear por la muralla china y los bosques de La-Celle-Saint-Cloud.
Últimamente hemos tenido muchos problemas con Weather Channel, pues no han acertado ni un solo día. Para antier predijeron temperaturas de cuarenta grados y lo que obtuvimos fue una tormenta de nieve terrible que nos mantuvo bloqueadas en el apartamento de un joven que insiste en alimentarse solamente de bebés de esclavo.
Afortunadamente, esta semana hemos podido huir de los cereales abandonados en el plato hondo de nuestra alacena y de los pequeños Cacahuates que ahí los dejan. Esperamos que estos últimos no nos hagan interpretar mañana, una vez más, a Brutus y al César en una épica tragedia.
En cuanto a comida, suficiente tenemos con las frutas (sobretodo las Moras Salvajes y las Fresas Envinadas) que enfrentamos en cada desayuno, acompañadas de un comentario mordaz; como para mañana sobrellevar una terrible indigestión con brownies de despecho.
La semana pasada tuvimos un encuentro literario en el café de Flore, en el que analizamos los mensajes que esconden las estrellas sobre el amor reflejado en ESOS ojos azules, y sobre el futuro de la obra de magia tenebrosa y alta costura de la que leímos tantos comentarios prometedores.
Hemos logrado escapar de un régimen totalitario orangeriano que nos quería conducir al esclavismo doméstico y a los besos usurpados en un atraco callejero; pero todavía no sabemos a dónde nos conducirán los rieles de el tren (que esta vez esperamos no perder).
De lo que estamos seguras, es de que en algún punto de la historia estaremos de nuevo en Châtelet cantando (des)entonadamente en dirección de una gigantesca sopa vietnaminta.

Con amor,

El Barón Rojo, Coyota, y la magdalena de Proust.

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