ha pasado ya tanto tiempo desde vuestra partida, y a la vez tan poco...Espero que haya llegado con bien a casa, y sin el hartazgo que suelen provocar los largos viajes en barco. ¡Atravesar el Atlántico no es poca cosa, después de todo! Y sin embargo, la gente sigue viniendo a París...
El invierno es duro sin usted, y el trabajo aún más. Me queda el consuelo de que se acabará pronto y que vendrán tiempos mejores. Aún así, en momentos como este, me parece que el Sol se ha ido de la ciudad...Por suerte, el futuro brilla: la primavera se acerca. Sé que pronto en mi jardín florecerán las Violetas.
Sí, París, con sus lluvias eternas y sus carruajes apresurados, su gente lejana; pero tan hermoso, tan brillante...A pesar de todo me alegra estar aquí. Creo que me conoce lo suficiente para saber que no me placen los salones y los bailes, sino más bien el barullo de los pequeños cafés en donde uno se come lo que le traen en vez de lo que pide.
Paseo a diario por los lugares a donde fui con las personas que quiero y que se han ido, bancas de secretos revelados, noches de caminatas, restaurantes azarosos...Pienso en donde llevaré a los que vendrán.
Aunque no parezca, va sonando la hora de volver a casa, incluso para mí. Mi deseo de verlo se cumplirá pronto, y también, espero, el de refugiarme en sus brazos. Sueño con nuestro futuro juntos, todos los días.
Por siempre suya,
Coyota
15 de Junio de 1911
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