jueves, 6 de octubre de 2011

Érase una vez...

Érase una vez un sueño de un minuto:

una casa entre la jungla

de monstruos terribles

y de animales fantásticos.

Recuerdo barrancos al vacío,

un túnel con lejanos rastros

de furiosos españoles

o de indios acorralados.

Hubo acróbatas bailarines

y hasta dramas en la guerra,

peleas entre los nobles

y entre nosotros los plebeyos.

Hubo también un castillo

con nostálgicas banderas,

y una reina loca y bella

en un trono de zapatos.

Una tarde, navegando

sobre el barco-clavellina,

gritó el vigía:

¡Nubes de tormenta!

Gotas, primero;

torrentes, después.

El agua se llevó el barco,

la jungla y los monstruos,

el vacío interminable,

los españoles

junto con los indios,

las acrobacias y las ropas

de los nobles y plebeyos.

Se llevó el castillo,

Y las banderas;

se llevó también a la reina.

Todo se fue deslavando,

Y lloramos de rabia.

Luego, se deslavó también la rabia.

Fue un sueño.

Un sueño de diez años.

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