Guadalajara, Jalisco, México
25 de agosto del 2011
Querido O.:
Espero que estés muy bien. No te he visto desde que comencé mis estudios universitarios, pero quiero que sepas que he disfrutado mucho de la carrera.
He notado que no comprendes muy bien mi elección, y hasta cierto punto, entiendo tu actitud: no te gusta leer. A veces es difícil concebir que una persona disfrute cosas que nosotros odiamos, lo sé. A mí, por ejemplo, aún me parece un misterio el interés que demuestran algunos de mis conocidos por las finanzas o la administración. Sin embargo, considero que la diversidad de gustos vuelve el mundo más interesante: la controversia es sana (siempre que no resulte en agresividad, por supuesto) y los choques que provoca nos hacen sacar conclusiones más completas.
Por otra parte, como mi amigo has intentado explicarme que no crees que sea posible obtener ingresos suficientes en cualquier trabajo que derive del estudio de las letras. Sin embargo, en estos tiempos, ningún empleo es seguro. Ni siquiera para los ingenieros, que son considerados los que tienen menos problemas en este ámbito. Por otra parte, yo tengo una ventaja sobre ellos: sé de antemano que será difícil. Estaré alerta. Buscaré bien.
Como una amiga muy querida me decía, a esta edad empezamos a descubrir que el camino de las letras no es nada fácil, pero, de no seguirlo, ¿qué quedaría para nosotros? La verdad es que todos los que estamos en esta carrera lo hacemos porque no tenemos opción, porque a estas alturas, la lectura y la escritura son nuestras inseparables compañeras: en el sueño, en la vigilia y también en sus intermedios. Antonio Machado relata en uno de sus poemas la historia de un niño que, dormido, ve a un bello caballito que se le escapa al despertar. Para nosotros, la única manera de acariciar la tersa piel del caballito estando despiertos es con un libro en el regazo o una pluma en la mano. Decido –decidimos– apostar. Al fin y al cabo, ¿vale la pena luchar por algún ideal que no sea ingenuo y hermoso?
Sé que comprendes la pasión, porque tú también la has sentido. Espero que, en el tiempo que vendrá, podamos tender puentes de la tuya (los números) a la mía (las letras), desde esos mundos tan diferentes y, por eso mismo, infinitamente interesantes.
Te quiere mucho,
Coyota



