Observo con ojos llenos de polvo del camino
y una canción en la comisura de la boca,
el día rompiendo sobre tu cuerpo tumbado en la cama,
sábanas revueltas e imágenes grabadas a fuego.
Luz que se derrama sin prisas,
dibujándole a ella la música en la piel,
yo,
marcando el compás con el pie descalzo a falta de mejor percusión,
hamacándome con la vista fija en una melodía
que no me pertenece.
B.R
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