Llegó la revolución de mayo y con ella el delicioso calor que provoca el desorden de prendas dejadas caer
en cualquier superficie del cuarto de mi poeta,
poeta por sus versos, poeta por su sonrisa,
poeta por sólo mirarme y dejarme desnuda.
Modesta te bosquejaba en las sábanas mientras tu hacías versos con mi cuerpo,
aveces rimas asonantes y agudas, otras,
versos bisílabos en mi cadera,
recitándome tus deseos con la respiración.
Dejando que moldeara tus lineas, hilando suspiros, siguiendo tu lírica
convirtiéndonos en estrofas.
B.R
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