El pelo y la taza
Me sumerjo en el café. Veo el fondo de la taza y todos mis cabellos se van empapando de olor y de azúcar falsa. Mi cabeza ya está dentro, me voy ahogando poco a poco y el café se convierte en agua de Jamaica. Pero mi pelo sale a rescatarme, se agarra fuertemente de del mango y me saca a flote. Es largo y café, grueso y huraño, a veces descarado y coqueto, pero me salva.
Estiro las manos para detenerme de los lados y me voy resbalando como si estuviera enlamado. ¡¡ Agárrate mechón oscuro!! y sálvame de esta agua roja.
Jugo de pelo
Fresco, por la mañana, me despierto y sabe a naranja. mmmmmm naranja sobre naranja y una viejita cortándolas poco a poco. Una viejita a la cual le falta un dedo y la cabeza llena de pelos color plata tiene como un millón de años. Todo el jugo se cae y mis mechones van quedando pegajosos, me siento como una niña chamagosa que huele a naranja y la persiguen las abejas. Puedo escucharlas... me siguen... corro y corro... de pronto mi cabeza al mismo tiempo que el viento se convierte en alas. Voy haciendo un coro de zumbidos que me hace volar. Mis alas son cafés, llenas de pelitos largos que flotan y se ríen. Hago coro con las abejas y me muestran el camino al árbol gigante de naranjas. Mis nuevas amigas me susurran sus secretos y me invitan a probar un poco de miel de la cocina.
No lo hagas niña, estas a dieta.
Recuerdo esos millones de productos sacados de la miel de abeja y pienso que ese líquido no engorda, al revés. Me da una figura extraordinaria y me permite hacer un shampoo delicioso para que las alas vuelen con más fuerza... alas, naranjas y abejas se van convirtiendo poco a poco en una melodía. Ahora solo quiero esperar a que se meta el sol.
Adana.
por ahora estos dos.
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