jueves, 17 de marzo de 2011

Cuento por entregas

Las tres cosas raras en la sobria vida de Juan

Cosa Número Dos


Juan caminaba por las calles vacías de París, su pánico aumentando a cada instante. De verdad no había nadie: los carros estaban detenidos en plena circulación; las tiendas permanecían abiertas y vacías.
-¿A dónde han ido todos?- murmuró para sí.

*

Unos minutos antes salía del baño caminando como un sonámbulo. El encargado de la librería, al cual le había pedido el baño sin siquiera mirarlo, estaba leyendo un enorme atlas que le ocultaba el rostro.
Ahora que se fijaba, el personaje era bastante extraño. ¿Era su manera de sentarse? También, se veía infinitamente pequeño para un hombre adulto. Las manos con las que sostenía el libro no parecían tener mucha movilidad…Y estaban cubiertas de pelo café.
El encargado retiró el atlas y Juan se encontró cara a cara con un sabueso que lo miraba a los ojos.
-How can I help you?- preguntó el extraño animal con un claro acento londinense, mientras encendía su pipa.
-I don’t speak English.-respondió el único humano de la tienda, no muy convencido.
-¡Oh, claro, claro! ¡Lo había olvidado! ¿Entonces? ¿Qué puedo hacer por ti?
Juan estaba tan desconcertado que no pudo hacer preguntas obvias (¿Cómo sabes hablar? ¿Y leer? ¿Te conozco? ¿Un perro habla más idiomas que yo?), y en vez de eso, le comentó al vendedor en tono neutro cuál era el libro que buscaba.
-¡Pero si ya lo tienes en casa!- se exclamó el perro como si hubiese revisado sus estantes esa misma mañana.
-Ah…-
Si los silencios incómodos son insoportables, el joven no creyó poder soportar uno entre él y un perro bilingüe (mínimo), y después de abrir y cerrar la boca seis veces como pez agonizante, empujó la puerta de la salida.
Lo único que pensó antes de huir de allí fue que esperaba no hubiera nadie en la calle para mirarlo fija y extrañamente; como se mira a la gente que habla con perros en las librerías.

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