La mariposa y la taza
Tomaba todos los días una taza de té de limón con una cucharadita de miel. Me sentaba en el pasto y leía, pensaba, dibujaba, escribía y soñaba. Estaba enfrascada en mi lectura de aquel día, cuentos cortos para niños, así que no noté cuando se posó en mi mano. Empezó a subir por mi brazo desnudo y fue cuando llego a mi hombro cuando la noté. Me hizo cosquillas con sus alas en la mejilla exigiendome que le prestara atención. La miré y le sonreí. La mariposa me sonrió de vuelta. Dame un poco de tu té, me pidió. ¿Alguna vez han escuchado hablar a las mariposas? Suenan a todo aquello que anhelas, a las ilusiones olvidadas de la infancia. No me pude negar, aunque ese día mi té estaba especialmente rico y no quería compartirlo. La mariposa se bebió todo, no me dejó ni una gota. Pero a cambio me dejó el recuerdo de aquella tarde.
Violeta.
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