El otro día ordenando mis cajones me encontré mis diarios viejos. No terminé de ordenar mis cajones y entre el montón de cosas que había sacado de ellos me senté a leerlos.
De pronto tengo 8 años otra vez. Embarcandome en la aventura de llevar un diario. Para mí era escribir lo que hacía en el día y contar sobre todo qué había comido y visto (o leido) era lo importante. Tenía un diario pequeñito, en forma de corazón y como era una hoja por día a veces no contaba todo, ponía "eso es otra historia" (como referencia a La Historia Interminable, quizás).
Tomo otro diario y entonces ya cumplí un año más. Ese diario me lo regalaron de cumpleaños. Mis secretos más importantes eran: "amo a un niño llamado Gerardo pero nadie lo sabe solo tu y yo. Quiero volar. Tengo dos pulseras de la suerte.
Tengo 10 años y lleno mi diario de recortes. Me siento muy grande lo cual me emociona y a la vez me aterra. Empiezo a notar cambios en mi cuerpo. Cada semana me gusta alguien diferente.
Tengo 11 años y me siento sola. Casi no tengo amigos en la escuela y eso me deprime. Me refugio en mi diario ("eres el único al que puedo hablarle") y la lectura. Escribo sobre mis amigos imaginarios.
Tengo 12 años, y estoy peor que nunca, pero también porque me gusta ser dramática. Quizás he leído demasiado, pero me siento una heroína incomprendida, en espera de que se me presente una aventura. Soñando todo el tiempo, en mi príncipe azul, sobre todo.
Trece años y mi vida cambia para siempre. Nueva ciudad, nueva escuela. Espero nerviosa ahora sí tener amigos. El primer día de clases conozco al querido Barón Rojo. A Coyota y Adana las conocería poco después. Al fin amigos.
Trece años otra vez (aunque en realidad eran 14, pero nadie debe saberlo). Cada vez escribo menos, pero es porque estoy enamorada. Catorce (15, en realidad) y quince (16), sólo hay un diario por año, pero ya no escribo para mí, sino para Coyota y K. a los cuales les permito leer mis diarios.
Dieciseis (más bien 17), diario compartido.
Dieciocho. Diecinueve. No más diarios.
Veinte. Estoy de viaje por Europa con mi querida amiga Coyota. Aquellas aventuras con las que soñaba cuando tenía 12 años se están cumpliendo, pero ya no necesito a un príncipe azul.
Veintiun años. Nuevamente de viaje con Coyota. Esta vez recorremos el sur. Fue el año de los dos inviernos y de un romance de
Y entonces regreso al presente. Nuevamente empecé un diario para así, en unos años pueda volver a viajar en el tiempo, e ir al pasado.
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