sábado, 11 de mayo de 2013

Memorias del este para Cynara

"Me detengo frente a unas escaleras de piedra que suben la ciudad a los hombros del cerro.
Dubrovnik parece solemne con sus murallas golpeadas por el mar y por casi todo, con sus heridas mal parchadas, con su arquitectura de hace tiempo y de ahora...Sin embargo, estoy convencida de que esta ciudad está llena de callejones pícaros, traviesos. Las escaleras que me miran ahora son justo así. Se burlan poquito mientras se tuercen y se elevan porque tengo que seguirlas, aunque sea con la vista o con la nostalgia de ser niña.
Entonces, empieza. Veo caer desde el escalón superior un agua veloz y oscura que se dirige hacia mí con una fuerza increíble. Va a alcanzarme en unos segundos. No puedo protegerme ya. Justo en el instante en que debería golpearme y ahogarme irremediablemente, pasa de largo, se vuelve un pequeño río a mis pies que continúa su camino sin prestarme atención.
Miro hacia arriba, confundida. Llueve. Las calles de la ciudad se llenan de riachuelos silenciosos.
Sé que es por eso. Sé que es esa lluvia la que, a pesar de la amargura y el dolor, mantiene limpio el rostro infantil de Dubrovnik."
5 de abril del 2012

"En los días subsecuentes descubrí que parte importante del carácter travieso de Dubrovnik está en sus gatos. Los hay de todos los colores, sarnosos o saludables, huraños o amistosos. Están en todas partes.
Hoy fui a Montenegro y me pareció gracioso que el primer lugar donde nos detuvimos después de cruzar la frontera estuviera, en cambio, lleno de perros. La historia de la humanidad es tragicómica."
8 de abril del 2012

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