Aunque no me considero especialmente curiosa, de vez en cuando me llego a preguntar ciertas cosas. Por ejemplo el otro día, mientras leía en el jardín, de la nada me pasó rozando un globo con helio. Era un lindo globo blanco con un listón azul.
Y entonces empecé a imaginarme de dónde venía. Estaba ya por mi tercera historia cuando un viento fuerte me arrebató al globo de mis manos. Una angustia enorme me invadió, ¿a dónde iba a parar mi -porque ya lo consideraba mío- globo?
Decidí entonces seguirlo. Dejé mi libro a un lado y con gran prisa me levanté y corrí para alcanzarlo.
A ratos me costaba seguir el paso, hubo un momento en el que lo perdí de vista, y entonces quise echarme a llorar, pero entonces lo veía y continuaba con mi persecución. Corrí detrás de él durante todo el día, y cuando anocheció, pese a mi cansancio, continué siguiéndolo. ¿A dónde va a parar mi globo? No sé de dónde viene, pero debo de saber a dónde va. ¿Se elevará tan lejos que terminará en el espacio? (lo cual sería terrible, porque no sabría si terminó en Júpiter o en Plutón, o en una luna o un agujero negro) ¿Se le acabará el aire y caería al piso sin vida? ¿Llegaría al mar? (que esperaba que no, porque me preocupaban las tortugas).
Y empezó a decender, (por suerte, porque llevaba dos días siguiéndolo y ya moría de hambre) y a decender aún más. Y justo cuando llegó a mí, nuevamente, me encontré enfrente de mi casa, leyendo, hace dos días.
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Este cuento es para tí, querida Coyota, que te haces hoy un año más sabia y más hermosa.
Te quiero.
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