martes, 9 de octubre de 2012

In memoriam P.


Tengo en la boca un gusto a guayabas y otro sabor extraño que no logro precisar.
Me robaron tu muerte. Supe de ella como si fuera un pariente lejano, entre frases evasivas y sonrisas de madera mal pulida. Éstas son cosas punzantes, lo sé, pero en ellas defiendo tal vez no la verdad sino al menos la honestidad, los ojos contra los ojos siempre aunque las miradas se nos claven en el cuerpo.
Saber de tu muerte no me basta para matarte. Sólo logro empujarte al limbo aquel de Michel Tournier y su Robinson, el limbo de las cosas que uno cree perdidas y que no está realmente fuera de la existencia sino en sus bordes. Y es que de esta manera uno sólo puede creer y no más, no saber, no asir ni tampoco asumir.
Merodearás en esa ambigüedad dando brincos de regreso a la existencia cada vez que te escuche, que me mueva por mis espacios como si todavía los ocuparas. No te podré matar definitivamente sino que tendré que resignarme a empujarte a tu sitio con insistencia y manos temblorosas. Pelearemos esta pelea de los que se quisieron hasta que el tiempo vaya deslavando las cosas con su lluvia lenta y se lleve todo: las costumbres, los sueños y el sabor a guayabas. 

sábado, 6 de octubre de 2012

Paríses.

Lo malo de llevar un diario es que cuando lo lees revives miles de escenas que se te habían olvidado.

Hoy leí sobre París… Pero han sido tres Paríses diferentes, leí sobre los tres.

El primero estaba lleno de puentes, edificios dorados, ríos e ingenuidad. El segundo era puro drama, que si esto y que si lo otro, de pronto sucedía algo super emocionante o muy bohemio, como apostar por lo que Hammas elegiría para nosotras o grafitear paredes con frases en español; o puras lágrimas y corazones encogidos (ó más bien fué otra cosa la encogida). Me parece que el mejor París fué el tercero, llegué preparada y libre; Era amiga de las calles y del sucio Sena, incluso de ese cielo eteramente encapotado… Y LA sonrisa… esa sonrisa con la que sigo soñando aveces… Con la que compartí el mejor de los tres Paríses.

La sonrisa llegó anteanoche y me siento como tonta… Me río de todo y hasta pensé, imaginé! que podía besarla… Pero Hoy a las 19 con 3, me doy cuenta que no; Hay cosas que no pueden ser y esa es una de ellas, así, me quedo con mis varios tomos de “París” , mis sueños y mi otoño árabe.