Oye, ¿me puedo sentar aquí? No te preocupes, no tienes que invitarme nada. Sólo quería decirte que estaba por allá tomándome mi café y encontré tus ojos asomándose del otro lado de la taza.
No quiero un silencio incómodo en el que nos miremos las manos pensando qué hacer, no quiero preguntar delicadamente para agradarte, ni siquiera quiero saber tu nombre.
Lo único que me interesa es que sepas que yo estaba desamparada hace unos minutos y encontré en tus pupilas un agua que, cayendo gota por gota, llenó algo en mí que había estado vacío.
Estoy más triste que antes, y es que la verdadera belleza duele. No me curaré hoy, ni mañana; pero esa tristeza tendrá sentido: podré pintarla, escribirla, cantarla.
No hables, no quiero saber. Ojalá nunca nos volvamos a encontrar. Sólo buscaba que supieras el regalo que me diste sin saberlo.
Espero que tengas una vida hermosa e interesante.
(Pies, Pelo Chino, Osa Mayor, Cuerda, Agatha, Café)
Coyota